‘Abracadabra’, de Pablo Berger: costumbrismo mágico

Llega hoy a nuestros cines ‘Abracadabra’, la esperada última obra de Pablo Berger tras sus exitosas y sorprendentes ‘Torremolinos 73’ y, sobre todo, la muda y torera versión de ‘Blancanienves’, con la que ganó nada menos que 10 premios Goya.

En ‘Abracadabra’ veremos la historia de Carmen (Maribel Verdú) y Carlos (Antonio de la Torre), un matrimonio del extrarradio madrileño. Resignados a la rutina, todo cambia con una sesión de hipnosis tras la que Carlos comienza a comportarse de una manera extraña.

‘Abracadabra’ comienza como una comedia costumbrista y bastante negra para pasar pronto al drama salpicado de género negro y algunas gotas de terror. Es, como dice el director, una comedia “hipnótica, porque el cine, como el hipnotismo, es soñar despierto”.

En esta tercera obra de Berger nos encontramos en las antípodas de su anterior película: si ‘Blancanienves’ era en blanco y negro, ‘Abracadabra’ está repleta de colores saturados y chillones; si la una era una elegante puesta en escena, la otra es un claro ejemplo de lo más hortera patrio; si aquella era un melodrama casi gótico, ésta es una comedia negra que nos recuerda vagamente al cine de Álex de la Iglesia.

'Abracadabra', de Pablo Berger: costumbrismo mágico

En ‘Abracadabra’, Berger nos cuenta dos o tres historia en vez de una: la de Carmen, una abnegada ama de casa, sumisa, obediente y resignada; una historia del Madrid actual, el Madrid hortera y chabacano pero real; y una historia de amor, de amor loco para más señas, que tendrá terribles consecuencias.

'Abracadabra', de Pablo Berger: costumbrismo mágicoEs una muñeca rusa en la que iremos encontrando capas según avanza la trama, sorprendiendo al espectador que empieza riendo para, muy pronto, no saber a qué atenerse frente a la pantalla.

Sin embargo, ‘Abracadabra’ a pesar de sus buenas ideas, y de su final coherente aunque sorprendente, se queda a medias de algo que pudo haber sido. Tras toda su estética y sus magníficos experimentos cinematográficos, nos queda un sabor de boca ligeramente amargo porque, de alguna manera, el espectador sabe que falta algo más, que nos deben algo más.

La historia termina, sí, y todos los personajes quedan correctamente situados al final, sí, pero la sensación es de que, en el camino, nos hemos desviado y hemos llegado a un destino que, sin ser malo, no es el que debía de haber llevado la película, dado lo que habíamos visto los dos primeros tercios de la historia.

Una historia interesante y entretenida, a pesar de algunos bajones de ritmo, y que demuestra una gran labor de dirección y de fotografía (por Kiko de la Rica), pero que tiene más de ‘Torremolinos 73’ que de ‘Blancanieves’.

‘Abracadabra’ se estrenó el 4 de agosto de 2017

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