Crítica de Cry Macho: el viejo Eastwood cabalga de nuevo

A lomos de su caballo y con su sombrero de cowboy, llega hoy Clint Eastwood a nuestras pantallas al grito de Cry Macho y de la mano de Warner. Vamos a ver cómo le ha ido.

Mike Milo, que en sus buenos tiempos fue una estrella del rodeo además de dedicarse a la cría de caballos. En 1979 acepta el trabajo de un antiguo jefe para traer a casa a su hijo pequeño que está en México. Esta extraña pareja se ve obligada a viajar por carreteras secundarias para volver a Texas y se enfrenta a un periplo repleto de dificultades imprevistas. Durante el viaje, el jinete, de vuelta de todo, tendrá encuentros inesperados y encontrará su propia redención.

Cry Macho o el Eastwood final

Clint Eastwood tiene 91 años. Con esa edad su carrera como actor y como director/productor es larga y extensa, de tal forma que se ha convertido en una institución. Y esa historia pesa mucho sobre Cry Macho, una película tan al estilo Eastwood que parece un epílogo a su carrera.

La historia es, como digo, muy del estilo del Eastwood director: una historia sencilla, con muchas miradas y cuidados diálogos. Pero el personaje es el que Eastwood nos ha “vendido” de sí mismo durante sus últimas películas: Mike Milo es un ex jinete de rodeo y entrenador de caballos, un viejo malhumorado con un pasado tortuoso y trágico y con una gran debilidad por los niños y los animales. Es un cascarrabias pero con un gran sentido del honor y muy profesional, gran conocedor de su profesión.

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Mike hace lo que debe (lo que le han pedido que haga) pero lo hace a su ritmo, pausado y tranquilo. Prefiere conducir despacio, disfrutar del paisaje y dormir al raso. De hecho, Eastwood utiliza la trama (basada en una novela de Richard Nash) como excusa para mostrarnos unos bellos paisajes de la américa profunda (filmado espectacularmente por Ben Davis).

Por supuesto, la historia está ambientada en 1979, una época en la que no existía ni el GPS, ni los teléfonos móviles, ni la actual seguridad fronteriza entre EE.UU y México, ya que todo eso habría hecho imposible contar esta historia con el ritmo adecuado.

Sus compañeros de aventuras, esta vez, son un niño de 13 años llamado Rafo (Eduardo Minett) y su querido gallo de pelea, Macho, que da título y tema a la película. Rafo, abandonado por su padre tejano y maltratado por su madre mexicana, está apegado tanto a Macho como a un ideal de masculinidad dura y pavoneada. Una de las tareas de Mike será enseñarle una forma alternativa de ser un hombre.

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Rafo es un caso perdido, en palabras de su madre, un salvaje que sobrevive en la calle y que no puede ser domesticado. Pero en realidad Rafo parece un niño perdido que realmente ama a su gallo. Y así, la pareja comienza su viaje de regreso hacia la frontera, donde surgen varias complicaciones siempre superables. ¿Forjarán un vínculo el delincuente juvenil y el anciano cowboy? Obviamente.

No confíes en nadie

Ese es el lema del joven Rafo. Su vida ha sido dura y, pese a su edad y a su aparentemente duro escepticismo, pronto vemos que el chico es una piedra con un centro muy tierno, y Mike lo sabe.

Mientras el anciano, el niño y la gallina avanzan por la carretera, puedes anticipar los giros que tomará la historia. Aunque no del todo. Al menos no como esperábamos. Lo que comenzó como un thriller (y así nos lo venden en el tráiler) gira 180º cuando el automóvil se avería y deja a nuestros protagonistas en un tranquilo pueblo con una dulce viuda llamada Marta (Natalia Traven). Ella y Mike flirtean al más puro estilo Los puentes de Madison. Además, hay caballos salvajes que necesitan domarse y otros animales a los que mirar… Como digo, Milo hace las cosas sin prisa.

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Eastwood interpreta a Milo con un estilo sencillo y relajado que se adapta perfectamente al enfoque de la vida de Mike. Sin embargo, el Eastwood director le permite ciertas vanidades al Eastwood actor como, por ejemplo, las mujeres, que parece no poder resistirse a los encantos de este “macho” de 90 años; o los criminales que quedan admirados de lo rápido que es para su edad, y de su poderoso derechazo… en fin, se lo perdonamos porque es Eastwood.

Se lo perdonamos porque, a pesar de ser una película bastante menor que las anteriores, posee una dulzura y un buen hacer que nos conmueve, con un tono melancólico al que jugaba Logan. Verlo jugar a vaqueros una vez más parece un recordatorio de su carrera, acompañado de una agradable partitura de Mark Mancina. Su Mike es un hombre fuera de su tiempo, el lobo solitario que tantas veces ha representado en pantalla y que, seguramente, desaparezca cuando Eastwood se vaya.

Ficha técnica

Cry Macho, del director y productor Clint Eastwood, está protagonizada por Eastwood, La película también está protagonizada por Eduardo Minett que debuta en el cine como el joven Rafo, por Natalia Traven (“Daño colateral”, serie de TV “Soulmates”) como Marta, y con Dwight Yoakam (“La suerte de los Logan”, “El otro lado de la vida”) como Howard Polk, el antiguo jefe de Mike. El reparto también incluye a Fernanda Urrejola (“Milagro azul”, “Narcos: México” de Netflix) como Leta y a Horacio García-Rojas (“Narcos: México” de Netflix, serie de TV “La querida del Centauro”) como Aurelio.

El ganador de Oscar, Clint Eastwood dirige a partir de un guion de Nick Schenk y N. Richard Nash, basado en la novela de Nash. Eastwood, Albert S. Ruddy, Tim Moore y Jessica Meier son los productores de la película con David M. Bernstein como productor ejecutivo.

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El equipo creativo del realizador incluye al director de fotografía nominado al BAFTA Ben Davis (“Tres anuncios en las afueras”, “Capitana Marvel”), el diseñador de producción Ron Reiss (decorador de escenarios, “Richard Jewell” y “Mula”), al montador ganador del Oscar Joel Cox (“Sin perdón”), que ha realizado la mayoría de las películas de Eastwood, al montador David Cox (“Juego de ladrones. El atraco perfecto”, ayudante de montaje en “Richard Jewell” y “Mula”), y a su colaboradora habitual la diseñadora de vestuario Deborah Hopper. La música es de Mark Mancina (“Vaiana”).

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