Crítica de Delicioso: el primer restaurante del mundo fue revolucionario (como bien saben en Francia)


Éric Besnard nos lleva en Delicioso a la Francia de la Revolución para ponernos a la mesa del primer restaurante moderno en una historia conmovedora que hará las delicias de cinéfilos y de comensales, afines a películas como Chocolat o Julie y Julia, por ejemplo.

Francia, siglo XVIII. En los albores de la Revolución Francesa, el prestigio de una casa noble depende sobre todo de la calidad de su mesa. Cuando el talentoso cocinero Manceron es despedido por el Duque de Chamfort, pierde el gusto por cocinar y decide volver a su casa en el campo. Allí conoce a la misteriosa Louise, quien le devuelve la pasión por la cocina y le ayuda a abrir el primer restaurante en Francia.

Es difícil imaginar un mundo en el que no existían los restaurantes, pero existió: los restaurantes no llevan siendo como los conocemos desde siempre y eso es lo que esta película nos presenta, los orígenes de estos establecimientos y cómo se involucra esta génesis con la Revolución francesa.

Dirigida por Eric Besnard, quien también colabora en el guion junto a Nicolas Boukhrief, se nos muestra a un chef, Pierre Manceron (interpretado por Grègory Gadboys) que trabaja para el conde de Chamfort en una época en la que el pueblo llano apenas tenía comida en sus casas mientras que la nobleza vivía en su palacio de cristal, ajenos a todo.

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Manceron es un gran cocinero con una gran curiosidad gastronómica que no es apreciada en absoluto por su señor. De hecho, crea una nueva receta (que da nombre a la película) y en lugar de ser alabado ve como desprecian sus esfuerzos al utilizara trufas (un alimento despreciado por los nobles) y es despedido.

Con su orgullo herido, este gran hombre tranquilo y de gran corazón se va con su hijo y funda una posada en la que atenderá a los viajeros. En aquella época, la única expectativa de la comida era básicamente la nutritiva, por lo que todos se conformaban con una simple sopa.

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Sin embargo, el hijo de Manceron sugiere algo a su padre; ¿por qué no ofrecer a los viajeros algo diferente? ¿un menú con platos y precios diferentes, todo ellos en un ambiente agradable? Vamos, que ha inventado el restaurante.

A la posada llega una misteriosa mujer, Louise (Isabelle Carré) que le pide a Manceron trabajar para él y ser su aprendiz. Aunque desconfía, Manceron accede y ambos empiezan un viaje de descubrimiento gastronómico y personal. La química de ambos intérpretes se palpa en la pantalla, con lo que el espectador disfruta viendo su juego amoroso-gastronómico.

La fotografía, obra de de Jean-Marie Dreujou (a quien debemos la preciosa Cézanne y yo, por ejemplo) hace que algunas de las escenas de cocina parezcan directamente cuadros al óleo, incluyendo algunas “naturalezas muertas”. Por otra parte, la banda sonora, creada por Christophe Julien, tal vez quede algo oculta ante el preciosismo de la imagen y las manipulaciones expertas de los alimentos, aunque constituye una música suave que acompaña perfectamente la trama.

Si somos estrictos históricamente, se considera que el primer restaurante fue Le Grand Taverne des Londres, inaugurado en Paris unos años antes de que se estableciera Delicious, pero a pesar de estar ante un drama histórico, no debemos fijarnos tanto en estos hechos como en la experiencia cinematográfica en sí.

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En resumen, Delicioso (Delicious) es una aventura histórica con una pizca de drama y una cucharadita de comedia, aderezado de buenas y comedidas interpretaciones que culminan en un plato agradable de ver y fácil de consumir. Siéntate a la mesa y disfruta del menú.

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